20/10/17

Josep Borrell: ¿Cómo pueden personas supuestamente capacitadas profesionalmente contar esos cuentos? Como que el nuevo Estado independiente catalán no quedaría fuera de la UE ni del euro "¡ni un solo segundo!". Todas las autoridades comunitarias han advertido de lo contrario, pero allí los tienes, impasible el ademan...

"(...) Causa rubor escuchar a Mas, Romeva y tutti altri proclamar que el nuevo Estado independiente no quedaría fuera de la UE ni del euro "¡ni un solo segundo!". Todas las autoridades comunitarias han advertido de lo contrario, pero allí los tienes, impasible el ademan, mentón de hormigón armado y con el tupé al viento, asegurando que ellos lo arreglan.

Y he constatado que muchos catalanes se lo creen. Al acabar una de las presentaciones del pequeño libro, escrito junto con mi amigo Joan Llorach, Las cuentas y los cuentos de la independencia, se me abalanzó un energúmeno, afortunadamente desarmado, gritando que estaba mintiendo, porque la UE no podría prescindir de un contribuyente neto como Catalunya, y que todos los países respetarían los principios democráticos, digan lo que digan los Tratados.

Ante tal negación de la realidad, tal nivel de intoxicación de las conciencias, me acojo a las paginas virtuales de El Huffington Post para desgranar algunas de las reflexiones que nuestro pequeño libro contiene acerca de las relaciones entre Catalunya y Europa, no solo con la UE sino con los Estados europeos que la componen.

En primer lugar, surge la cuestión de si Catalunya es un caso único en Europa o hay otras regiones que podrían seguir su camino.

Según Mas, solo hay en Europa dos o tres casos de regiones que quisieran seguir la misma ruta de una Catalunya independiente: el País Vasco, Escocia, quizás Flandes. 

Pero en realidad, toda la prensa europea está llena de referencias de cómo el referéndum escocés, incidiendo en sociedades golpeadas por la crisis económica, ha reavivado las fuerzas del regionalismo en Europa, despertado otros casos en Italia, Francia y Alemania. 

El semanario alemán Der Spiegel ha publicado un reportaje significativamente titulado La hora de los egoístas, describiendo las quejas económicas de Cataluña, diciendo que "la crisis impulsa a los separatistas en varios países de la UE y las regiones ricas ya no sienten la solidaridad con las regiones más pobres del país."

Aunque el Consell Assessor per la Transiciò Nacional advierte de que Catalunya no debe usar exclusivamente la bandera del agravio económico, por el riesgo de "identificar el patriotismo y la voluntad de ser de los catalanes con una forma colectiva y exacerbada de egoísmo", es habitual que la prensa internacional la mencione como una reivindicación económica. Sería raro que no lo fuera, dado lo que cuenta Mas a medios extranjeros, en los que el cuento de los "16.000 millones de euros que España nos roba" ha sido su argumento principal.

Pero todos los presidentes de los Gobiernos de Italia, Francia y Alemania, han sido tajantes al respecto de la indivisibilidad de sus países.

Es posible que esos países tengan todos constituciones de "baja intensidad democrática", según dice Mas, pero si leen las declaraciones al respecto de Renzi, Valls o del portavoz de Merkel sobre una hipotética independencia de Baviera, no tendrían ninguna duda de que la independencia de Catalunya no despierta simpatías, y no tendría apoyos. Todo lo contrario de los cuentos que nos cuentan Mas y Junqueras. 

A pesar de ello, los independentistas no pierden oportunidad de contar el mantra de que España es un país de baja calidad democrática porque no permite un referéndum de autodeterminación en Cataluña. Pero como Europa sí tiene una alta calidad democrática, ayudará a Cataluña a ejercer su derecho universal a la autodeterminación.

En realidad, los líderes europeos, y en particular los de Alemania, Francia e Italia, no apoyan el proyecto independentista catalán, al menos por las siguientes seis razones:

En primer lugar, porque va en contra de sus intereses de política interna. Todos tienen regiones ricas con identidades marcadas, a veces con lenguas propias, con una integración histórica relativamente reciente y en las que se explotan políticamente de forma inmisericorde sus déficits fiscales.

En segundo lugar, porque va en contra de sus intereses en política internacional. Europa cree que los Estados fuertes y una progresiva integración entre ellos es la mejor manera de jugar un papel relevante en el mundo, limitar la dependencia de los EEUU, plantar cara a Rusia, competir con Asia y afrontar los desafíos globales ecológicos y de seguridad. Dividir los Estados es ir en dirección contraria.

En tercer lugar, porque nunca darían apoyo a una iniciativa que no respete la legalidad de un país miembro de la UE. Estipular que "el proceso de transición democrática no quedaría en ningún caso supeditado a la vigencia jurídica", como hace el plan independentista suscrito por CiU y ERC, produce un extraordinario rechazo en Europa. 

En cuarto lugar, porque "nacionalismo" es una palabra tóxica en Europa. Lo sabe bien Mas, que ha escrito recientemente un artículo en Le Figaro proclamando que lo suyo nada tiene que ver con el nacionalismo. Sorprende leer a Mas decir que "... seríamos unos irresponsables de pretender construir un proyecto político nacionalista". Sorprendente de parte de alguien que dice de sí mismo que "la única ideología que he tenido y que defiendo es el nacionalismo "; y que es el líder de un partido que se define como un partido nacionalista catalán.

En quinto lugar, por el tono de dramatismo histórico y diplomacia de aficionado del independentismo catalán, con sus constantes envíos de cartas y memorándums a Gobiernos y Embajadas. 

Y en sexto lugar, por el descrédito de los líderes independentistas catalanes. Las Embajadas en España son perfectamente conscientes de que los ejemplos que ponen los políticos independentistas catalanes para justificar sus argumentos económicos y políticos son falsos.

¿Qué pensaría si usted fuese bávaro y viera escrito en Le Monde que un político catalán asegura que conoce una cosa llamada la balanza fiscal de Baviera que él no ha visto nunca y se inventa que en Alemania existe un límite constitucional al déficit fiscal de los länder?

Es indudable que Alemania, Francia e Italia tienen la convicción de no permitir la secesión de ninguna de sus partes. Y mucho menos si es una de las regiones ricas. Por ello, tienen un fuerte interés en evitar sentar el precedente de una independencia sin coste para una región como Cataluña. 

¿De qué manera? Con la principal herramienta de la diplomacia en el siglo XXI: con la política comercial. 

Y esto conduce a considerar la cuestión trascendental de la relación entre Catalunya y la UE.
Muchos catalanes piensan que Catalunya no se podría permitir los costes que implicaría salir de la UE y del euro. El apoyo a la independencia cae drásticamente en las encuestas si va asociada a una salida de la UE. Y por eso, Junqueras, Romeva y Mas se esfuerzan por contar que no sería así.

Desde Bruselas nos han dicho de varias y muy claras maneras que una Catalunya independiente no sería de forma automática un nuevo Estado miembro de la Unión Europea. No que quedara excluida para siempre, y ciertamente la UE quedaría incompleta sin Catalunya. Pero la adhesión no sería ni automática ni inmediata.

Cada vez que alguien lo recuerda, los independentistas se lo toman como una intolerable amenaza. Y es verdad que suena a aquello de que no te puedes ir de casa por muchas ganas que tengas porque fuera hace mucho frío. Pero es lo que es. Y muchos catalanes quieren un análisis racional de las ventajas e inconvenientes de una decisión de tan enorme importancia. No querer hacerlo sería como prohibir indicar las contraindicaciones de las medicinas y los efectos secundarios que puede producir su uso.

Sus convicciones le hacen decir a Junqueras que no, no, de ninguna manera, Catalunya no saldría de la UE. Esos deseos piadosos valen lo que valen, a la hora de la verdad muy poco. Más realista, el propio Mas reconoce en una reciente entrevista en el periódico italiano La Repubblica que Catalunya quedaría "transitoriamente" fuera de la UE.

"Transitoriamente", esa es la cuestión. Y, ¿cuán larga seria la transición?. Nadie lo puede saber, pero la comisaria V. Reading, Creu de Sant Jordi, de visita en Barcelona, lo estima "en varios años".
Siendo honestos, nadie puede garantizar el tiempo que Catalunya tardaría en ser admitida en la UE. 

Dependería de muchas circunstancias, entre ellas la forma en la que se produjese la separación. Las formulas exprés dependen de las ganas que se tengan, y ya hemos explicado que ante una independencia unilateral habría muy pocas.

 La fórmula mas hilarante se la hemos escuchado a un ex alto cargo de la Generalitat: "No tendríamos problemas, porque como la independencia no seria reconocida por España, seguiríamos jurídicamente en la UE como parte de España". Y se quedan tan panchos....

En marzo del 2014, la Comisión Europea dictaminó que "cuando una parte del territorio de un Estado deje de formar parte de ese Estado, porque se convierta en un Estado independiente, [...],desde el día de su independencia se convertirá en un tercer Estado con relación a la UE y los Tratados ya no serán de aplicación en su territorio".

 El expresidente de la Comisión, Barroso, lo reiteró en noviembre pasado diciendo que el Tratado de Lisboa no había aportado ninguna novedad al respecto. Y lo acaba de repetir el portavoz del actual presidente J.C Juncker, desatando la ira de los independentistas que ven en ello una conspiración y una intolerable amenaza.

La UE es una Unión de derecho que se rige por sus Tratados. El art 52.1 del Tratado de la Unión (TUE) cita nominalmente a cada uno de los Estados miembros. Y Catalunya no está. No, no está. Por mucho que insistan en que ya es un Estado miembro, no está en la lista, luego no lo es. Para incluir a Catalunya habría que modificarlo por unanimidad del Consejo Europeo y la ratificación de cada Estado. Así se ha hecho ahora con Croacia.

 Y eso es así, aunque el nuevo Estado resulte de un escisión de un Estado miembro. E incluso aunque la separación se haya producido de acuerdo con sus normas constitucionales. Y una declaración unilateral de independencia no sería aceptada por la UE en virtud de lo dispuesto en el Art 4.2 del TUE por el que se respeta la integridad territorial de los Estados miembros.

No es posible decir las cosas de forma mas clara. Pero las emociones parecen ser mas poderosas que las razones. 

La Generalitat nos siguen contando cuentos, como el de que todo eso se arregla políticamente; que la UE no puede prescindir de Catalunya; que Europa no se atreverá a expulsar a siete millones de catalanes sin perder con ello sus esencias democráticas; que somos contribuyentes netos; que si la Alemania del Este pasó a formar parte de la UE al unirse por las buenas a la República Federal, por qué Catalunya no podría hacerlo al separarse de España por las bravas; que a fin de cuentas los catalanes ya somos ciudadanos europeos; que podríamos seguir en el euro y en el mercado interior como si tal cosa y que los bancos catalanes no perderían el acceso a la liquidez del BCE, etc....

Así pues, digan lo que digan los Tratados y las autoridades comunitarias encargadas de velar por su cumplimiento, háganle caso a la autoproclamada amplia experiencia internacional de Homs, o al alto valor que tienen los diez años de eurodiputado de Romeva, que nos aseguran que esas cosas se arreglarán con un buen apaño político y el apoyo de Lituania.

No nos vamos a molestar en rebatir cuentos como lo que pasó con Alemania del Este, porque no tiene nada que ver, ni en argumentar que no se puede expulsar de un club a quien todavía no es miembro de él, y concentrémonos en lo que pasaría con el euro.

Algún ilustre economista nos ha dicho, sin sonrojarse, que da igual la pertenencia formal a la UE, porque en la práctica seguiríamos teniendo las mismas ventajas que si fuésemos miembros. Los bancos catalanes seguirían accediendo sin problemas a la liquidez del BCE, porque "los bancos de un país segregado y externo a la eurozona podrían seguir financiándose en el BCE como en la actualidad". ¿Cómo pueden personas supuestamente capacitadas profesionalmente contar esos cuentos? 

Han tenido que desmentirle desde el Banco de España y el propio BCE. El portavoz del Bundesbank, Michael Best, recordó hace poco en el CIDOB que eso sería así, "siempre que los bancos externos a la eurozona tengan filiales en ella". Pero también recordó que la financiación estaría limitada "en función no del volumen de negocio del banco matriz, sino de la filial". 

Por otra parte, quedarse en el euro y no poder acudir al BCE significa que la cantidad de moneda depende de los resultados netos de los intercambios internacionales. Si los movimientos de capital fuesen negativos, el resultado sería la creación de una nueva moneda. 

Y eso son palabras mayores. Iría acompañada de una devaluación muy importante, que aumentaría el valor real del endeudamiento público y privado nominado en euros, que como sabemos es muy fuerte. Ya hoy Cataluña tiene difícil acceso a los mercados porque el rating de su deuda está cerca del bono basura.

Los partidarios de la independencia argumentan que no hay que hacer caso de esas advertencias. Sea Vd. optimista como Junqueras y piense que no pasaría nada.

A la hora de la verdad, dicen, se impondrá la lógica de los intereses y el respeto a las decisiones democráticas, aunque se hayan tomado fuera de la Ley frente a las normas jurídicas. Se entiende que a quien está dispuesto a saltarse la legalidad, le debe parecer que todo el mundo va a hacer lo mismo. Y que los Tratados de la UE son papel mojado. Qué pena me dan esos embaucadores. Pero más pena me da la pobre gente que se ha creído sus embustes."                    (, Huff Post, 23/09/2015)

Gaspar Llamazares: Es una pena que hayan sido las empresas las que hayan desinflado el relato de que España nos roba. Debería haber sido la izquierda

"Es una pena que hayan sido las empresas las que hayan desinflado el relato de que España nos roba. Debería haber sido la izquierda”. El excoordinador federal de Izquierda Unida Gaspar Llamazares publicó el jueves este mensaje en su cuenta personal en Twitter.

Llamazares se refiere al goteo de empresas que han sacado su sede social de Catalunya tras la celebración del referéndum del 1-O. La multinacional mexicana Bimbo, las aseguradoras Axa y Divina Pastora y la compañía de gestión de fondos de inversión Gessuris, y los bancos Sabadell y CaixaBank entre ellas. (...)

El tuit de Llamazares, que ya tiene más de 1.500 retuits y más de 2.400 favoritos, ha provocado un debate que ha dado pie a unos a criticar a la izquierda y a otros a defenderla:

 Luciano Napolitano @luchito_cjsEn respuesta a @GLlamazares 
No hablamos solamente de economía cuando decimos “Espanya Ens roba”. También derechos civiles y políticos OJO

 Óscar Luis Gómez Ben @olgomezbenitoEn respuesta a @GLlamazares 
Perdóname, pero nunca te he visto beligerante con el nacionalismo regional y fuera d este foro.

 Fabiola Rodriguez @FabiolaTebarEn respuesta a @GLlamazares @Torresacab 
La izquierda está en la calle peleándose entre ella...

 Gaspar Llamazares @GLlamazares
 
Es una pena que hayan sido las empresas las que hayan desinflado el relato de que España nos roba. Debería haber sido la izquierda.

Si esto hubiera pasado en Estados Unidos…


"David Alarcon Irigaray

A todos los de las cacerolas, probad esto. 

Cogeos un Boeing 747 unos cuantos amigos y os vais a un pais dónde no haya presos políticos... digamos por ejemplo EEUU, a cualquier bella ciudad, Houston por ejemplo, que en TX hay pena de muerte.. 

Cuándo veáis tres Chevrolet Escalade negros del FBI los destrozáis, los llenáis de mierda, os hacéis unos selfies (si habéis conseguido llegar a este punto) y, para acabar, robáis 6 o 7 fusiles M16 de dentro y os los lleváis. 

Luego, escogéis a un amigo chiquitín y a otro más alto, pero con el pelo así como de rata, y les dais unos megáfonos para que animen la rave y no decaiga la fiesta. Podéis montar un tenderete con chalecos agua y bocadillos de medio pan bimbo con nocilla y mortadela de olivas. 

Si podéis, o si os dejan, acorraláis a 15 agentes federales y a un secretario judicial. Y luego, si acabáis el día vivos, explicáis que era una movida pacífica, y que os estan vulnerando vuestros derechos."

El ambiente era relajado y distendido, pero no era “festivo”, ni de “somriures”, ni mucho menos épico. Lo que yo he captado es una reivindicación de nuestros derechos...


"Ese mediodía, como tantos centenares de miles, he asistido a la manifestación de Barcelona. Por primera vez en mi vida, llevaba un cartel con una reivindicación: el lema “No Estamos Solos”. Me pasé toda la tarde para montar un cartel medianamente potable: como no se me ocurrió antes, tuve que hacerlo a mano, con regla, escuadra y cartabón para que las letras tuvieran un cierto empaque y seriedad.

Me quedaron regulín las eses y las oes y, aun así, está bastante bien. Es lo que pasa cuando eres un neófito de la manifestación, así que el próximo día ya me compraré una plantilla de letras. Así ha sido mi manifestación:

En cuanto al trayecto, lo simplifico: entramos en la manifestación alrededor de las 11:40 en Pau Clarís con Aragón. Salida a las 13:45-13:50 en Pau Clarís/Caspe, es decir, sin haber logrado siquiera llegar a Urquinaona. La manifestación se ha disuelto espontáneamente, al comprobarse la imposibilidad de avanzar más.

¿Y qué he visto? Pues algo muy parecido a esta crónica de Emilia Landaluce. Una manifestación preparada con buena voluntad y que ha superado cualquier expectativa de los organizadores. O sea, un poco de desorganización. No lo digo como crítica a una manifestación que, cuando fue convocada, quizás sus organizadores se daban con un canto en los dientes si llenaban Urquinaona y algunas calles adyacentes.

 Lo digo como reconocimiento a la espontaneidad que ha acompañado a la afluencia de gente presente: sin consignas predeterminadas desde la organización, sin dirigir los ánimos en una dirección u otra, sin coreografías ni homogeneizaciones predispuestas.

Porque, amiguitos, eso es lo que yo (repito, yo) he captado: un montón de gente harta de que pisoteen sus derechos. Mientras el independentismo (del que luego hablaré; y no muy bien) se dedicaba a escudriñar en busca de Franco resucitado, los asistentes recitaban lemas bastante simples, del tipo “no nos engañan, Cataluña es España“, “visca Catalunya, viva España y viva Europa“, “dónde está TV3” o “luego diréis que somos cinco o seis“, entre muchos otros.

 Mi cartel, como esperaba, ha tenido su éxito: varias personas se me han dirigido diciéndome “es que parecía que estábamos solos“, alguna hasta me ha pedido hacerse una foto (con el cartel, no conmigo; quizás, también, de paso) y muchas tomaban fotos (del cartel, no de mí).
Sin magnificar el contenido del cartel (lástima que no haya llegado a Laietana, seguro que sale en la tele) y sus efectos, allí había mucha gente liberándose de la presión nacionalista.

 El ambiente era relajado y distendido, pero no era “festivo”, ni de “somriures”, ni mucho menos épico. Lo que yo he captado es una reivindicación de nuestros derechos. Y los asistentes han aprovechado que estaba convocada la manifestación de SCC para hacerlo, sin un guion previo marcado y machacado por la organización y los medios de comunicación a su servicio.

Me ha alegrado, y mucho, ver a mucha gente joven -difícil de ver, todos lo sabemos- y, todavía más, ver que el grupo vamos a llamar dominante, al menos en el sector en que hemos circulado, se situaba entre los 30-35 y los 55, aproximadamente. Es el grupo en que he sentido con mayor fuerza esa liberación: el que no puede hablar del asunto en el trabajo sin que se le echen encima o le llamen facha.

Y también me ha alegrado ver que la presencia de niños era anecdótica. Oh, claro que los había, pero he visto tan pocos… Y por la edad de la gente en mis zonas del recorrido, seguro que podían haber venido muchos más.

No sé si puede calificarse la manifestación de “histórica”. Lo que sí sé es que, al menos entre quienes he podido ver o charlar durante la manifestación, nadie ha venido para “hacer historia”, ni marcar un récord o “hacerle ver” a “la comunidad internacional” que somos no sé cuántos. Han venido para defender sus derechos. (Oh, sí por favor, seguro que alguien habrá venido para defender las esencias de España desde la época de los romanos y tal, etc, blablabla).

Concluyo mis sensaciones de la manifestación. Reconfortante comprobar que tanta gente se ha movilizado, de manera espontánea, en apenas cinco días, que son aquellos en que la manifestación ha tomado la dimensión que finalmente hemos visto. Triste porque, en el año 2017, haya que manifestarse ante el claro riesgo de que unos gobernantes estén a punto de llevarnos al abismo.

Y ahora viene la parte oscura. La parte mala. La parte fea.

  La de unos intolerantes que no soportan que alguien no comparta su forma de ver la vida. Anoche empezó a llegarme, de nuevo, el cúmulo de estupideces surgidas desde el mundo independentista para intentar desacreditar la manifestación. La más sonora, como sabéis, la que sostiene que el grueso de los manifestantes venían “de fuera“.

Tiene gracia porque esta objeción demuestra el nacionalismo inherente al independentismo: al aludir a los “de fuera” expresan claramente eso de “Cataluña, para los catalanes” o “los catalanes, primero“. Y se vanaglorian de inclusivos. Por favor. El cáncer del nacionalismo. Eso sí, a Otegi no le dicen que es “de fuera”. Cómo están algunas cabezas.

Amiguitos, cuando escribí el otro día que iba a asistir a la manifestación, entre otras razones, porque no puedo aceptar que me quieran extranjerizar, me quedé corto al prever las reacciones del independentismo. Gracias, José Antich (director de ElNacional; exdirector de La Vanguardia), por explicarme cuál es tu proyecto: el ninguneo y borrado de tus conciudadanos.

Ese nacionalismo al que le molesta que unos pocos cientos o miles de nuestros conciudadanos que viven fuera de Catalunya hayan venido también; a ellos, los que han venido de otras comunidades, los considera extranjeros. A los que no compartimos este proyecto de exclusión, nos falta poco, como José Antich clarifica y Pilar Rahola confirma.  (...)

Amiguitos, hoy muchos habrán tenido subidón al comprobar que “No Estamos Solos”. Eso está bien. Está muy bien.

Junto a la satisfacción, yo he sentido una intensa amargura por tener que manifestarme contra el nacionalismo y sus atropellos, su voluntad de exclusión y el insulto, expresado por esos nacionalistas de primera línea -que luego se las dan de ejemplares- y, como podéis imaginar, de manera brutal en foros incluso más o menos cerrados, en que todos se conocen de forma directísima.
Qué proyecto de sociedad tienen. Continúo siendo pesimista."                      (Cita falsa, 09/10/17)

19/10/17

En dos semanas, los catalanes, sin ser muy conscientes de ello, han sufrido una de la peores crisis financieras de su historia... una fuga de capitales del 15% del PIB de Cataluña. Ni en las peores semanas de julio de 2012 la fuga de capitales fue tan intensa. Tras la independencia... hiperinflación

"Hace 15 días anticipaba el nerviosismo de los inversores ante la independencia de Cataluña. En dos semanas, los catalanes, sin ser muy conscientes de ello, han sufrido una intensa crisis en Cataluña. En concreto, una de la peores crisis financieras de su historia.

La apelación de bancos españoles al BCE aumentó en 17.000 millones la pasada semana. Los temores se centraron en los dos bancos catalanes y se produce por una fuga de depósitos minoristas, de préstamos mayoristas en el interbancario y de vencimientos de deuda en los mercados de capitales que las entidades no hayan podido atender.

Eso supone (en una sola semana) una fuga de capitales del 15% del PIB de Cataluña. Ni en las peores semanas de julio de 2012 la fuga de capitales fue tan intensa. En la crisis de Argentina de 2001 la fuga fue del 10% del PIB y duró seis meses. El peso argentino se devaluó el 75%, el PIB cayó el 15% y la pobreza extrema se dobló. Argentina tenía una deuda externa ridícula comparada con la posición exterior de la economía catalana.

La fuga de empresas y de los bancos ha provocado miedo al futuro de sus empleos en muchos catalanes. Incluso, en muchos que han apoyado el proceso independentista creyendo de buena fe el mantra de sus líderes y economistas, que les prometieron que con la independencia vivirían mejor. Pero no son conscientes de los riesgos que están asumiendo en este proceso.

Por suerte, los españoles estamos protegidos por una moneda estable como el euro y en medio de una agresiva política de compras de deuda del BCE. Ésta ha mantenido estable la financiación del Tesoro Público, que pudo emitir 4.600 millones en un bono a 5 años al 0,5%. En Argentina en 2001 nadie les prestaba dinero y el escaso crédito era a tipos disparatadamente altos.

 Eso provocó lo que se conoce como un frenazo brusco del crédito y la mayor depresión económica en décadas. La Generalitat recibe dinero cada mes del Tesoro Público y ha podido pagar las nóminas de los funcionarios y a sus proveedores.

En una Cataluña independiente, como dijo Oriol Junqueras, tendrían que haber creado una moneda virtual (supongamos el catcoin). El problema es que el catcoin no sería reconocido para devolver sus deudas internacionales y no tienen reservas de euros. Por lo tanto, la primera de decisión de un Gobierno de la República catalana sería pedir un rescate al FMI. El problema es que antes tendrían que ser reconocidos por la ONU, ya que el FMI sólo puede prestar a países miembros de la institución.

En lo doméstico podrían haber pagado a los funcionarios en catcoins. Pero lo normal en estos casos es que los ciudadanos catalanes fueran al mercado negro a cambiar inmediatamente sus catcoins por euros. Eso supondría una devaluación intensa de su moneda virtual y un aumento de los precios de los bienes importados, que en el caso de Cataluña son principalmente bienes de primera necesidad (como alimentos) e intermedios que las empresas catalanas necesitan para producir.

Si cortas la cadena de suministro, se hunde el PIB, y los escasos bienes que existen se disparan de precio. En ese escenario si sigues teniendo déficit público y pagando con catcoins, tendrían una hiperinflación.  (...)

Por fortuna, estamos dentro del euro con acceso al BCE, y hasta Puigdemont y Junqueras han asumido ya que no habrá independencia. Ha bastado que los dos bancos catalanes cambiarán su sede para que los inversores internacionales calmen sus temores y los precios de sus acciones recuperen todo lo que habían caído las dos semanas anteriores.  (...)

Pero la fuga de empresas tendrá efectos duraderos y dejará profundas cicatrices. Durante décadas Cataluña mostró una imagen sensata con un nivel de vida agradable y eso permitió atraer sedes de multinacionales que crearon sus mejores empleos y sus mejores salarios en Barcelona. Ahora el independentismo expulsa empresas y ofrece una imagen de inestabilidad al mundo que ha hecho un gran daño reputacional a la marca Cataluña y Barcelona.  (...)

Si siguen con el proceso, fuera de la Constitución y del Tratado de la Unión, estos irresponsables pueden autoprovocar una crisis en Cataluña aún peor que la de 2008 y que la de 2012. Los de Pedralbes pueden sacar su dinero y sus empresas fuera pero los de Nou Barris serían los más perjudicados por esta paranoia, como siempre."                 (José Carlos Díez , Crónica Global, 13/10/17)

Adiós al circo del odio Nuestra presencia en TV3 y Catalunya Ràdio es nociva, solo sirve como coartada...

"(...) Como colaboradores habituales de los medios catalanes, representantes de lo que ignominiosamente se ha dado en llamar cuota unionista, hemos llegado a la conclusión de que nuestra presencia en las tertulias de TV3 y Catalunya Ràdio es contraproducente, pues solo sirve como coartada para demostrar su supuesta pluralidad y apuntalar la tesis dominante. 

La tesis oficial en Cataluña es que esta es una nación natural, telúrica, esencialmente buena, que desde hace al menos tres siglos vive una situación de opresión colonial insostenible dentro de un Estado artificial, pérfido y carpetovetónico, España, del que debemos escapar. A tal efecto, todo vale. Se habla de Franco a todas horas y en cualquier formato de programa.

 Desde Catalunya Ràdio se preguntó a los oyentes si estaban dispuestos a impedir físicamente que se juzgara a Artur Mas. Más recientemente, se les pidió que informaran sobre movimientos de la Guardia Civil en los días previos al referéndum ilegal del 1-O, información que luego se difundió en antena. Brigada de agitación y propaganda antiespañola, y ahora también oficina de reclutamiento y delación.

Cuando la realidad se reduce a un único tema, la secesión, y las tertulias resultan monográficas, entonces la presencia de un solo tertuliano opuesto a la tesis de la tertulia —que defienden de consuno los otros tres o cuatro opinantes además del moderador, a veces reforzados por la opinión de algún telespectador que entra por teléfono— solo sirve para proyectar la idea de que se trata de una posición minoritaria, incluso marginal, en la sociedad catalana. En estas condiciones el discrepante, por muy aguerrido que sea, acaba siendo un colaborador necesario, por no decir el tonto útil del proyecto separatista.

Esa pluralidad impostada, distorsionada, es la misma que se da en las series de televisión de TV3 en las que —como en su día denunció el corresponsal en España de The Wall Street Journal— “solo hablan castellano prostitutas y delincuentes”. 

Si de verdad tuvieran la intención de reflejar la pluralidad lingüística de Cataluña, al menos la mitad de los personajes de las series de TV3 tendrían que hablar habitualmente en castellano y el uso alternativo de ambas lenguas en el trabajo, en la calle y en los hogares de los protagonistas debería ser lo más natural. 

Pero, al igual que tras las tertulias de tesis separatista subyace la pretensión de que lo normal es ser independentista, existe en esas series de TV3 una indisimulada intención de instalar en el imaginario colectivo de los catalanes la idea de que lo normal en Cataluña es hablar en catalán y que el castellano es cosa de marginales e inadaptados.

El tertuliano que no acepte la retahíla de falsedades que sustenta la opinión prevaleciente en los medios catalanes, y que se atreva a manifestarlo tantas veces como le parezca preciso, se verá indefectiblemente sometido a un agotador acoso y derribo por parte de sus contertulios, consentido e incluso alentado por el presentador. 

Es triste reconocerlo, pero la convivencia en Cataluña, si se quiere tranquila, se levanta hoy sobre la resignada asunción por muchos catalanes no nacionalistas del ofensivo decálogo nacionalista, basado en el desprecio a España y a los españoles pero sobre todo a los catalanes que nos sentimos españoles.

Solo hay que repasar la hemeroteca para darse cuenta de que si el resto de los catalanes, los que nos sentimos en mayor o menor medida comprometidos con el proyecto común español, mostrásemos por los separatistas el mismo desprecio que ellos muestran por nosotros, la convivencia en Cataluña sería insostenible. 

De ahí que muchos catalanes —posiblemente la mayoría— hayan decidido mirar hacia otro lado y prefieran no discutir con la Pilar Rahola o el Joan B. Culla de turno, no solo en las tertulias de radio y televisión sino también en las cenas y reuniones con amigos y familiares.

Cuando un medio público trata a parte de los ciudadanos a los que debería ofrecer su programación como malos catalanes, cuando no directamente como quintacolumnistas antidemocráticos, por no secundar la derogación del Estado de derecho que promueve el Gobierno autonómico, más vale denunciarlo y apartarse.

Con este artículo queremos anunciar nuestra despedida de los medios públicos catalanes, mientras no asuman su responsabilidad de dar voz desde el respeto y un mínimo de honestidad al conjunto de los ciudadanos de Cataluña. Preferimos renunciar a nuestros emolumentos que seguir aguantando el desgaste emocional que supone participar en ese circo del odio a España y la carga moral de pensar que nuestra presencia lo legitima."

(Joan López Alegre es político y escritor y Nacho Martín Blanco es politólogo y periodista. El País, 10/10/17)

James Petras: La inmersión lingüística monolingüe es el banderín de enganche de la clase étnica dominante en Cataluña, California, Texas... zonas en las que las poblaciones de idiomas español son mayoritarias. Para perpetuar las posiciones de privilegio de la población anglo y catalano hablante. ¿No es hora ya de que los progresistas catalanes dejen de imitar a la derecha norteamericana?

"(...) En Estados Unidos, la lucha de los trabajadores hispanos, asiáticos y afroamericanos oprimidos se centra en cambios fundamentales de los programas educativos y sociales. Los manuales de Historia se han escrito de nuevo en muchos sitios para tener en cuenta la experiencia hispana, afroamericana y asiática.

 Con la misma trascendencia, las guerras culturales han girado en torno a la cuestión del bilingüismo, el derecho de los niños hispanos y asiáticos a recibir la enseñanza en su idioma nativo, sea español o asiático, así como en inglés. La reacción de la derecha angloamericana ha sido la de resistir y oponerse a toda concesión en favor del reconocimiento de un cierto pluralismo y de la diversidad cultural, como forma de retener el poder político y económico. 

El monolingüismo es el banderín de enganche de la clase étnica dominante en importantes zonas en las que las poblaciones de idiomas español y asiático son mayoritarias o están cerca de la mayoría (California, Texas, la ciudad de Nueva York).

Una situación parecida se da en Cataluña, donde la clase étnica catalana dominante está imponiendo un sistema monolingüista a la población de habla hispana, incluso en las numerosas ciudades del cinturón de Barcelona en las que la aplastante mayoría de la población y, sobre todo, los estudiantes son hispanohablantes.

 La tiranía lingüística de la elite catalana se justifica mediante una retórica centralista de la que Franco se habría sentido orgulloso: alusiones a un mítico pasado catalán, la necesidad de una vigorosa nación unificada y, más discretamente, el sentimiento de superioridad y arrogancia típico de todos los grupos étnicos que dominan los principales bancos, las empresas y los puestos de gobierno.

Los monolingüistas, sea en Cataluña o en Estados Unidos, evocan la imagen de «amenazas» a su integridad cultural y, en el colmo del absurdo, se presentan a sí mismos como «oprimidos» por sus víctimas.

 Resulta curioso que, mientras los movimientos populares de los grupos de habla hispana y asiática han conseguido importantes avances hacia la educación bilingüe en Estados Unidos, ocurra al contrario en Cataluña: el dogma monolingüista es cada vez más la práctica habitual. Item más, si en Estados Unidos son los sindicatos de profesores progresistas, los movimientos sociales de la izquierda liberal y las confederaciones sindicales los que han asumido un papel abiertamente en defensa de los derechos al bilingüismo y a la cultura de afro-americanos, asiáticos e hispanos, en Cataluña los progresistas (incluidos sindicatos y partidos de izquierda) han respaldado las políticas monolingüistas del autoritario régimen catalán.

Los Estados Unidos tiene graves problemas étnicos y raciales; en pocas palabras, la sociedad está impregnada de racismo. Pero se admite, y las fuerzas sociopolíticas están divididas y se enfrentan en torno a los temas en conflicto. 

En Cataluña se da una asombrosa falta de conciencia sobre los derechos de la clase trabajadora de habla hispana, en particular sobre su derecho a recibir enseñanza en su propia lengua. Las consecuencias son desastrosas. Estudiantes que se han criado hablando en un determinado idioma en casa son obligados a estudiar en otro, lo que les hace padecer una situación gravemente desventajosa.

Tanto los mexicanos en California como los murcianos y andaluces en Cataluña registran más altas tasas de abandono de los estudios y de fracaso escolar que los estudiantes cuyo idioma nativo es el inglés o el catalán. 

Quizá se trate precisamente de eso al imponer el monolingüismo: perpetuar las posiciones de privilegio de la población anglo y catalano hablante en la sociedad mientras se relega a «los otros» a puestos de baja categoría, peor pagados, porque les faltan los requisitos de formación exigibles. (...)"               (James Petras. El Mundo, en Rebelión, 21/04/1999)

Ya no importan ni la meta ni el camino a seguir en pos de una república propia, mucho menos su viabilidad. Lo que importa es mantener una apariencia de comunión independentista...

"(...) Durante estos últimos años –más bien cinco que diez– la reducción secesionista del soberanismo ha procedido a un relato épico de sus propias decisiones y proclamas, tratando siempre de inducir el máximo dramatismo a cada circunstancia. 

Una mezcla de numantinismo sobrevenido y de resuelta vindicación de valores considerados propios ha llenado calles, plazas, horas y encuentros de algo desconocido en la Catalunya pragmática y átona de las últimas décadas. Emociones que no tenían precedentes, con miles y miles de catalanes afirmando que eran independentistas desde la cuna.

 La promesa de una “tierra sin mal” ha calado en el ánimo de mucha gente, que así se deshacía de las revelaciones de un pasado reciente no precisamente glorioso por Pujol y los muchos suyos. Es ­inevitable suponer que el procés representa una purga –un purgatorio– para los pecados cometidos por el catalanismo gobernante antes de que se hiciera independentista. 

La radicalidad de la propuesta de una república independiente confiere autenticidad a los restos del pujolismo y a quienes se han ido confabulando con ellos para dar el salto al “referéndum vinculante”.  (...)

Ahora que el Govern de la Generalitat se debate entre cómo mantener la llama independentista y cómo preservar su poder autonómico, ha llegado el momento de dirigir una severa mirada hacia el círculo que han acabado conformando Puigdemont y los muchos suyos cuando se han percatado de que no están ya en condiciones de alimentar una espiral de agravios y victimismo.  (...)

Catalunya se enfrenta a los catalanes; a su propia pluralidad. Se enfrenta a la sublimación de un poder –el de la Generalitat– cuando no se sabe quién o quiénes toman las decisiones en cada momento, ni cuál es la enjundia de sus gobernantes al tener que afrontar horas tan decisivas.  (...)

Ya no importan ni la meta ni el camino que seguir en pos de una república propia, mucho menos su viabilidad. Lo que importa es mantener una apariencia de comunión independentista. Un círculo que el vicepresidente Junqueras describió perfectamente al recabar unidad y firmeza al mismo tiempo, cuando resulta evidente que es precisamente ese binomio el que flaquea, porque la firmeza –se entiende que la defensa de una vía unilateral– plantea serias dudas en un sector significativo de la comunión independentista, mientras que la unidad a la baja suscita recelos en el sector opuesto. 

La prueba más palpable de que la Generalitat ha caído en su propio enredo es que no puede ir más allá de la carta que ayer remitió Puigdemont a Rajoy. Porque su interlocución acaba cuestionada tanto si no se decide a prevenir el ultimátum del jueves como si se dispone a evitar la aplicación del 155."                (Kepa Aulestia, La Vanguardia, en Caffe Reggio, 17/10/17)

18/10/17

Director de e-notícies: ¿Pero se puede hacer más el ridículo que declarar la independencia durante ocho segundos ante más de 126 medios internacionales? ¿Se puede ser tan incompetente? ¿Se puede ser tan mediocre? Tarradellas debe estar removiéndose en la tumba. Esto es el fin de la burguesía catalana

"Al día siguiente de que los japoneses bombardearan Pearl Harbour, el presidente Roosevelt bautizó tan aciaga jornada como el día de la infamia.

 Salvando todas las distancias porque no está el horno para utilizar símiles militares, el 10 de octubre del 2017 pasará a la historia como el día de la infamia de los catalanes. Peor porque en este caso fue un gol en propia puerta.

En efecto, la independencia de Puigdemont duró ocho segundos. Fue vista y no vista. Un polvo rápido, rapídisimo. Más bien un coitus interruptus. En vez de ir hacia adelante, vamos hacia atrás: en 1640 la República catalana duró una semana, en 1931 tres días y ahora ocho segundos. Igual, con suerte, salimos en el Libro Guinness de los Récords como la independencia más efímera. Algo es algo.

Porque llevan más de cinco años taladrando al personal con el proceso. Sacando pecho. Repartiendo carnets. Yo mandé a la mierda a uno -el nombre entero del cual no he conseguido nunca aprender y de veras que ahora lo lamento- por dar lecciones de catalanidad mientras esperábamos en la planta baja del edifcio la llegada de Puigdemont.

¿Y ahora qué? Pues lamentablemente aquello que auguré en mi columna de hace más de un mes. Con independencia o sin. Con 155 o sin ya nos hemos ido a la mierda. No era un artículo, era un ruego. Un cruzar los dedos. Nunca me dolió tanto acertar.

El mal que han hecho al país -a nuestra propia confianza- es irreparable. Tardarán mucho en cicatrizar las heridas. Y desde luego todavía puede empeorar. Esto no se arregla ni con elecciones anticipadas, que es lo mínimo que pueden hacer.

¿Pero se puede hacer más el ridículo que declarar la independencia durante ocho segundos ante más de 126 medios internacionales? Ahora sí que el món ens mira que iba diciendo nuestro ministro del Foreign Office, Raúl Romeva.

Porque estaban todos: desde la CNN a Televisa pasando por el Wall Street Journal o el Washington Post. ¿Se puede ser tan incompetente? ¿Se puede ser tan mediocre? Tarradellas debe estar removiéndose en la tumba.

Hay que recuperar la cita, dejarla escrita para nuestro nietos. Charlie Rivel, según algunos el mejor payaso catalán de todos los tiempos, se lo pasaría en grande: “asumo el mandato del pueblo para que Catalunya se convierta en un estado independiente en forma de república. Esto es lo que hoy hacemos, con toda solemnidad, por responsabilidad y por respeto”.

Luego un aplauso prolongado. Incluso algunas lágrimas fuera del hemiciclo. “Y con la misma solemnidad -añadió entonces Puigdemont-, el Gobierno y yo mismo, proponemos que el Parlamento suspenda los efectos de la declaración de independencia, para que las próximas semanas emprendamos un diálogo, sin el cual no es posible llegar a una solución acordada”.

Tuve la tentación de titular la crónica de los hechos: “nos hemos cagao”. Como aquella portada lejana de El Jueves cuando la polémica por las caricaturas de Mahoma. Aunque tras el atentado gihadista de las Ramblas tampoco se atevieron a meter el dedo en el ojo.

Pero vamos a ver, presidente: ¿”diálogo”? ¿”solución acordada”? ¿”desescalada en la tensión”? ¿Lo dice usted, precisamente usted, que ha llevado este país al límite? Al borde del precipicio. Han sometido Catalunya a una prueba de estrés. Ha quedado exhausta.

Si lo sabían haber frenado antes. Porque lo sabían: la firma del papelito posterior en la sala de actos del Parlament no se improvisa. Lo tenían preparado.

Pero no, el proceso estaba lleno de valientes: el conseller Turull diciendo que no iban a frenar, Lluís Llach proclamando “ni un paso atrás”, los de Demòcrates -los escindidos de Unió- asegurando que no aceptarían declaraciones de independencia “en diferido”. También dirigentes del PDECAT que comparaban España nada menos que con Corea del Norte. ¿Ha dimitido alguien?. No, siguen pegados al escaño. Prietas las filas.

¿Y los de la CUP? La CUP se lo tragó sin rechistar. Al principio nos amenazaron con salir los diez diputados a montar el numerito durante el pleno. Al final salió sólo Anna Gabriel para hablar de la República de Ikea: “Nosotros queremos una república que dibuje un nuevo mapa de relaciones internacionales que no se escriban desde el poder y desde el dinero, sino desde la alianza fraternal con pueblos y resistencias”.

Sí, mucho discursito pero ni siquiera pidieron elecciones anticipadas. Fuera hace mucho frío. ¿Estos eran los antisistema, los que velan por los obreros, por los oprimidos, por los pueblos del mundo? Quieto parados. La silla es la silla. Y eso que salieron de la reunión en los despachos de Junts pel Sí hechos una furia.

Buenos sí, luego firmaron un papel. Pero en los parlamentos no se firman declaraciones, se votan. Fue otra performance. Como la del Palau con los alcaldes -de éstas llevamos un par- o la de los directores de instituto llaves en mano como si fueran vendedores de una inmobiliaria. Sin olvidar la del TNC (Teatre Nacional de Catalunya para más inri) montada por el PDECAT y ERC. Eso sí: con fondos públicos. Teatro del bueno. Boadella no debería desaprovechar la oportunidad.

Han malbaratado una oportunidad histórica. Tras la traumática experiencia habrá que zurcir el país, reconstruir el catalanismo, replantear el soberanismo. Que me perdone el exlíder del PSC Pere Navarro -que como saben no es indepe y sufrió hasta la agresión de una abuelita soberanista- pero visto com está el patio no lo podemos enviar ni a tender puentes. Se lo comen. El proceso, paradójicamente, ha despertado el patriotismo español.

Y todavía tuvieron el valor de movilizar a dos millones de personas para ir a votar. Yo creo que lo hicieron expresamente para buscar la foto de la Policía repartiendo a diestro y siniestro. O simplemente subestimaron la reacción del Estado. Llevan haciéndolo desde el principio. Yo he llegado a oír tertulianos de TV3 que afirmaban que está “implosionando” y que Rajoy está acabado. Pues no parece. Ni lo uno ni lo otro.

Los han engañado como a chinos. Les dijeron votem per ser lliures y, al final, naranjas de la China. ¿Con qué cara pueden comparecer ahora ante la opinión pública? ¿Y ante los lesionados? Aquí tampoco se ponen de acuerdo porque Turull habló de 800 y Puigdemont de 900. Y eso que son del mismo partido. La Delegación del Gobierno español lo rebaja a un centenar. La de los cinco dedos rotos no sé si la contabilizan como víctima o no.

¿Y los 700 alcaldes que se juegan la inhabilitación? ¿Y los catorce detenidos? Ahora todos ellos lo tienen más crudo que nunca. Lo he dicho más de una vez pero volveré a repetirme como el abuelo cebolleta: los Estados son lentos pero cuando se ponen en marcha son implacables. Pero si nadie ha movido un dedo por nosotros en la UE. Bueno, sí el alclade de Dublín pero éste venía del Sinn Féin.

Lo mejor ha sido la reacción de la parroquia porque esto ya es cuestión de fe.  Inasequibles al desaliento: jugada maestra de Puigdemont. Ahora la pelota está en el tejado del Estado. Si se descuidan. Rajoy ha tardado poco en contestar: que le aclaren si hubo independencia. Si dicen que no quedan como unos cobardes. Y si dicen que sí se aplica el 155.

Les ha entrado el tembleque. Auténtica diarrea. Sólo hay que ver los Telenotícies. El del miércoles noche con entrevistas a Puigdemont y a Forcadell pidiendo clemencia. Hasta se han sacado de la manga los dos últimos empresarios que les quedan a ver si pronunciaban unas palabras a favor del diálogo: el de la la patronal de Terrassa, Antoni Abad, y el de Pimec, Josep González, que lleva siete o ocho mandatos en el cargo. Ya he perdido la cuenta.

¿Y lo de TV3? No lo he dicho hasta ahora pero uno de los que mandé a la mierda fue una de las estrella de la cadena, el presentador del TN noche, Toni Cruanyes. Estaba convencido de que hacen unos informativos cojonudos. A mitad de camino enre la CNN, la BBC y la tele de Beluchistán.
Acabo dándome lecciones de periodismo. Y eso que el tripartito ya lo puso en su día de director del Avui: imagínense la independencia profesional del sujeto. Lo de TV3, ya me perdonarán, no tiene arreglo. Han estado incendiando al personal durante años, especialmente los últimos días.

Había cualquier manifestación -de estudiantes, de bomberos, de tractores- y hacían un montón de conexiones en directo. Pillaban al primero que pasaba y le metían el micrófono en la boca. Claro, como la gente andaba excitada decían de todo: uno recordaba que su abuelo había luchado en la batalla del Ebro, otro que si las fuerzas de ocupación, el de más allá que si la brutalidad policial.

Yo he llegado a ver una entrevista en plató a un estudiante de Universitaris per la República pero desconozco qué representatividad tiene la plataforma. Si son centenares o cuatro gatos. Y recuerdo una conexión en la Universidad Autónoma en la que el orador era David Fernández, el exdipuado de la CUP. No sé si tiene carrera pero si la tiene supongo que debió terrminarla hace años porque ya está mayorcito para ejercer de líder estudiantil.

Pero la culpa no es sólo de TV3, sino también de todos los colegas que han estado tirando carbón a la máquina de vapor. Estos días los de de Euskal Telebista han tenido la gentileza de invitarme al programa En Jake. He coincidido con ilustres procesistas de la talla de Pilar Rahola, Salvador Cardús, Vicenç Villatoro y algún otro que ya no recuerdo. Con el que me supo mal no coincidir fue con Francesc-Marc Álvaro. Le tengo unas ganas.

Todos eran de los de Artur, no afluixis (Artur, no aflojes). Y cuando las cosas empezaron a torcerse todavía soñaban con la mediación internacional o denunciaban la actuación del Estado opresor. Rahola llegó a decir en antena, sin ruborizarse, que habíamos aprendido de las técnicas antifranquistas.

Bueno, ahora todos intentan salvar los muebles. Hasta el culo. La canonjía, la tertulia, la colaboración aquí o allá. La misma Rahola pedía “paciencia” en su artículo de La VanguardIa de este jueves. “No se puede abrir una puerta para dar opción al diálogo y cerrarla al primer minuto de dificultad”, escribe ahora. Que sangre fría por no decir otra cosa.

Al bueno de Villatoro se lo dije antes de entrar en directo mientras nos estaban maquillando: “Vicenç, si hemos llegado hasta aquí es también por culpa vuestra”. Y eso que es una bellísima persona. Cuando lo pusieron de director del Avui Pujol tenía sus dudas porque no grita nunca. Mientras que Salvador Cardús, el día de los hechos, todavía me decía por los pasillos del Parlament que la cosa saldría bien.

El proceso nos va a dejar en bolas a los catalanes. Si hemos llegado hasta aquí ha sido también por la debilidad de la sociedad civil (sic), los medios de comunicación, los periodistas y hasta los intelectuales. Se lo han tragado todo.

La sociedad civil no existe. Es un invento. Una simple prolongación del poder político. Manejada a toque de silbato desde Palau. Sólo hacía falta ver a la extraña pareja, Jordi Sánchez & Jordi Cuixart, haciendo la pelota a Puigdemont tras el pleno después de que se la metieran hasta el fondo.
¿Y dónde están ahora los gasolineros? Los que no han parado de echar gasolina al fuego: Mónica Terribas, Vicent Partal, José Antich, Xevi Xirgo, Esther Vera -ésta pasó de jefe de prensa de Mas-Colell a dirigir el Ara-, Xavier Graset, Jordi Basté, Ricard Ustrell, Antoni Bassas.

Yo, con Basté, tengo muy buena relación personal pero no lo escucho porque a la hora de su programa estoy siempre currando. Y cuando hablo con él por mensaje directo siempre me da la razón o admite que nos la pegaremos. Por eso no sé si sabe que fuera de las ondas lo llaman imán Basté.
¿Y los tertulianos? ¿Cómo se les ha quedado el cuerpo?

 Me refiero a los Tian Riba, Josep Martí -éste era del PP- Salvador Cot, Ferran Casas, Marta Lasalas. A los que han mimado en TV3 o en 8TV. En Catalunya Ràdio y en Rac1. Porque los veías por la noche en un sitio y a la mañana siguiente en otro. Como si no hubiera más periodistas. Sin olvidar a Toni Soler, que ha estenado programa hace poco. Ni a Sala i Martín, que repite temporada.

A Ferran Casas lo he visto en TV3 hasta comentando la victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE, un patriota de pedra picada como él. Y otra colega, Gemma Aguilera, esta de El Món, el digital del PDECAT, me montó el otro día un pollo en la sala de prensa del Parlament. El pasado domingo la vi cerca de Jefatura cubriendo la manifestación unionista. Le debió dar urticaria entre tanta bandera española.

Pero, sinceramente, lo del conde de Godó no se entiende. Yo he visto al mencionado Josep Martí -¡exsecretario de Comunicación del Govern!- y a Tian Riba sentados en la misma mesa. Me recordaba cuando Convergència metía a los suyos de dos en dos en els Matins de TV3. Una pluralidad nunca vista.

En cambio, otros han sido recolocados o recompensados. Como Vicent Sanchis, al frente de TV3. O Toni Aira, al que tenían en todos lados hasta que ha acabado de director de comunicación del PDECAT. A ver si salva el Titanic del naufragio. Imposible: la comunicación no hace milagros.

Pero quizá lo más grave es lo de los intelectuales porque, desde este punto de vista, Catalunya es un desierto excepto alguna honrosa excepción que no está entre las filas del proceso. Al intelectual se le exige honestidad, sentido de la autocrítica, conciencia moral. Pero yo he visto al propio Salvador Cardús pedir el voto para CiU durante el míting final del 2010 en el Palau Sant Jordi.

Y Vicenç Villatoro -ahora enchufado en el CCCB con sueldo de consejero o similar- ha traspasado varias veces las líneas que deberían separar la política de la cultura. De diputado de CiU pasó a director general de la CCRTV. Para que vean la neutralidad de los medios públicos en Catalunya. Pero creo que, en el fondo de su corazón, tiene la espina clavada de que nunca llegó a conseller. Ni llegará a este paso.

En fin, hay que extraer algunas conclusiones finales del proceso. La primera es que esto es el fin de la burguesía catalana. Si Catalunya como país ya sólo es capaz de generar líderes como Mas y Puigdemont apaga y vámonos. Bajemos la persiana una temporada y procuremos pasar la travesía del desierto sin hacer demasiado ruido. Hasta que amaine la tormenta.

La segunda es que nuestra clase política ha quedado en pelotas. Incluida Ada Colau, que siempre anda haciendo el remolón. No sabes nunca si va o viene. A la mujer se le ocurrió hasta acusar a la Policia de "agresiones sexuales". Como si además de ir dando porrazos tuvieran tiempo de violar a la gente por las esquinas.

Desde luego va a pasar factura más a los gobernantes que a los de la oposición. No va a quedar ninguno. Porque al fin y al cabo ellos nos han llevado hasta aquí. Estoy hablando de Puigdemont, Junqueras, Romeva, Turull, Rull, Mundó, Santi Vila, Toni Comín. Éste último llegó a Palau al día siguiente del referéndum repartiendo sonrisas y levantando el pulgar. 

Celebrando la victoria. 
En resumen: todo el Govern en pleno. No se escapa ninguno. Hasta el de Cultura el nombre del cuál no he conseguido todavía aprenderme del todo. Junqueras aún ha tenido la osadía de decir que están haciendo una “obra de arte”. Los locos acostuman a creerse Napoleón, pero éste se cree Leonardo da Vinci. Desde el repaso que le dio Borrell creo que no se ha recuperado.

Pero también todos y cada uno de los dirigentes de Esquerra o del PDECAT. Si yo fuese Marta Rovira, Lluís Llach, Germà Bel, Eduardo Reyes, Marta Pascal, Lluís Corominas, Miquel Buch o Toni Castellà -por citar sólo algunos: no caben todos- me daría vergüenza salir de casa. Probablemente hasta me escondería debajo de la cama.

En el mismo pack deberíamos incluir a ese prodigio de la oratoria parlamentaria que es Gabriel Rufián. Además de Joan Tardà, Carles Campuzano, Jordi Xuclà y otros. Yo, de ustedes, me lo pensaría. Si finalmente nos dan la independencia dejarían de cobrar del estado opresor y tendrían que ponerse a trabajar. En el sector privado, digo.

Tercera: en Catalunya había miedo escénico. Aquella genial expresión inventada por Jorge Valdano. No me sorprende: yo me lo encontré un día comprando libros. Lo juro. Si las empresas que se han ido hubieran hablado antes quizá no hubiéramos llegado hasta aquí. Pero callaron.

Los únicos que se atrevieron a advertir de las consecuencias fueron el presidente del Banco Sabadell, Josep Oliu, que ya lo dijo en enero y recibió un montón de palos. Y el presidente de CaixaBanck Isidre Fainé, aunque como presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA).

Pero si al final se ha ido hasta Abertis, presidida por Salvador Alemany, que fue asesor de Mas en la primera legislatura. Cuando presumía de business friendly. Estaba al frente del Consejo Asesor par al Reactivación Económica. Al astut lo acabarán borrando de la lista de exalumnos distinguidos de la escuela Aula, donde hizo sus primeros pasos. Tiempo al tiempo.

En fin, me sabe mal por los que se lo creyeron. Uno de mis hijos -según Pilar Rahola se ha hecho de la CUP por culpa del padre- estaba el miércoles en el Arc del Triomf esperando la buena nueva, el maná, el nacimieno del nou país. El de los helados de postre.

Ahora habrá que volver a empezar.  Si tuvieran un poco de dignidad convocarían elecciones y se irían a casa. Pero de todas las posibilidades que deben haber cruzado por mentes tan privilegiadas ésta es la única que no han planteado públicamente. El chiringuito es el chiringuito.

La única duda que me queda es si, en caso de aplicar el 155, hay dos millones que saldrán a la calle o está empezando a bajar el suflé. Como cuando te deja la novia, acabas por asumirlo y te buscas una mejor.

Lo he dicho siempre: no se puede mantener un país en tensión durante cinco años. No hay cuerpo o mente que lo aguante. Ahora está agotado. A ver si, al final de todo, el proceso se disuelve como un terrón de azúcar."                      (XAVIER RIUS , Director d'e-notícies, 12/10/17)

Shlomo Ben Ami: el proyecto independentista refleja ante todo extravagantes sueños de grandeza de las élites catalanas y una actitud soberbia hacia los supuestamente inferiores españoles

"(...) Históricamente, la independencia nacional suele ser resultado de procesos de descolonización violentos, incluso cataclísmicos. Los nuevos estados nacen casi invariablemente en un contexto de sangre, sacrificio y privaciones. 

En el caso de la ex Yugoslavia, los estados independientes surgieron de una guerra civil que incluyó un genocidio. Las naciones esclavizadas también recuperan la soberanía cuando fracasan los estados y se derrumban los imperios. Las rupturas amistosas, como la de Checoslovaquia, o la que separó a Noruega y Suecia, por muy loables que sean, son una rareza histórica.

El intento independentista de Cataluña (como es probable que Puigdemont sepa) carece de un impulso revolucionario convincente, como el que caracterizó las luchas de los movimientos nacionales a lo largo de la historia. Detrás de la reciente oleada nacionalista en Cataluña hay demandas reales, y otras, en algunos casos, imaginarias. 

Pero el proyecto independentista refleja ante todo extravagantes sueños de grandeza de las élites catalanas y una actitud soberbia hacia los supuestamente inferiores españoles. Esas élites deberían preguntarse ahora si sus partidarios de clase media serán capaces de soportar bloqueos, fuga masiva de capitales (que ya se está produciendo), caída del nivel de vida y enemistad simultánea con España y con Europa.

Los kurdos en Irak basan su reclamo de independencia en el argumento de que el iraquí es un estado opresivo en descomposición. Pero Cataluña no es una nación oprimida, ni es España un estado fallido. Invocar la larga dictadura del Generalísimo Francisco Franco (de lo que ya pasaron cuarenta años) es un endeble intento de disfrazar las pretensiones económicas de los separatistas y su inflado sentido de superioridad cultural.

Occidente no apoya la independencia kurda, por el mismo motivo por el que no apoyará la independencia catalana. Así como España no es una potencia ocupante en Cataluña, Occidente no considera a los países que buscan impedir la independencia kurda (Turquía, Irak, Siria e Irán) como auténticas potencias coloniales. A la inversa, la causa de la independencia palestina cuenta con apoyo en todo el mundo precisamente porque se percibe a Israel como la última potencia colonial occidental en tierras árabes.

Esas percepciones cuentan, porque lo que suele determinar la suerte de los movimientos independentistas es la respuesta de los demás países. Y es casi inimaginable que algún país europeo vea alguna ventaja política en facilitar la independencia de Cataluña, algo que enemistaría a un miembro fundamental de la Unión Europea y estimularía a un sinfín de movimientos nacionalistas en toda la UE y los estados vecinos.

Cataluña no tiene motivos de disputa legítimos con el gobierno español por las finanzas o los atributos de la autonomía. Es verdad que el gobierno en Madrid debió manejar mejor el conflicto catalán, apelando a la política y no sólo a las leyes, pero la disputa no se acerca en lo más mínimo a un nivel que justifique la independencia.

El “hecho diferencial catalán” es una realidad histórica, y merece una respuesta adecuada. Pero el permanente ímpetu separatista parece derivado más que nada de la excitación y los actos reflejos de algunos líderes catalanes. Nunca, ni antes ni después del referendo independentista, ofreció alguno de ellos una explicación articulada de por qué es necesario un estado catalán separado o de cómo sería.

¿Tendrá la República de Cataluña fuerzas armadas propias? ¿Sustituirá una moneda nacional propia al euro? ¿Cómo persuadirá a España y otros estados miembros de la UE para que no impidan su ingreso al bloque? ¿Qué países se arriesgarán a malquistarse con España por reconocer a un aislado estado catalán?

Ninguna nación puede obtener la independencia sin el pleno respaldo de su población. Cataluña se encuentra dividida a partes casi iguales en torno de la cuestión, como no se veía desde la Guerra Civil Española. 

 Sólo el 43% de la población de Cataluña votó en el referendo, al que incluso la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, partidaria de un estado catalán, cuestionó como base para una declaración unilateral de independencia. Cada papeleta no colocada en las urnas puede interpretarse como una protesta contra el referendo y como un voto por la unidad con España. (...)

Hace mucho que España se debe una renovación de su statu quo político y constitucional; tal vez el país entero salga fortalecido, si en respuesta a la crisis de Cataluña se aprueban reformas que ayudan a liberar las energías de una de las naciones más diversas de Europa.

 Pero no es tiempo este para mentes mezquinas y visiones estrechas. No hay que permitir que los efectos dañinos de las políticas identitarias desgarren la sociedad española, como lo hicieron las ideologías ochenta años atrás."                    (Project Syndicate, en Revista de prensa, 14/10/17)

Foreign Policy: con el referéndum del pasado 1 de octubre, Cataluña ha "abusado" de los beneficios que logró con el régimen autonómico y "no merecen apoyo internacional"

"La revista estadounidense 'Foreign Policy' ha publicado un artículo en el que afirma que, con el referéndum del pasado 1 de octubre, Cataluña ha "abusado" de los beneficios que logró con el régimen autonómico y "no merecen apoyo internacional".

El texto, firmado por Daniel Runde --ex director de la agencia de desarrollo estadounidense USAID y actual miembro del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos--, lleva el título "Cataluña fuera de España sería como Illinois fuera de Estados Unidos".

"Este 12 de octubre los aliados de España deberían estar con España en su mayor desafío en Cataluña", asegura. El autor afirma que la Constitución española tiene varias similitudes con la estadounidense, y una de ellas es que no permite la secesión de un Estado. Es más, recuerda que ese fue uno de los motivos de la Guerra de Secesión y constata que "el Gobierno federal estadounidense intervendría si, por ejemplo, Luisiana o Illinois intentaran la secesión".

Para este autor, el referéndum del 1 de octubre fue "un acto de teatro político" que España debía tratar de impedir igual que Estados Unidos habría hecho en uno de sus Estados. Además, destaca que la votación no tuvo alta participación y sí actos de fraude y "una provocación masiva".

Runde afirma en el final, que los independentistas catalanes quieren una mediación "para ser legitimados, vistos de forma equivalente a España", pero que ni la UE, ni Estados Unidos, ni México ni el Vaticano "han mordido el anzuelo".

Para el autor, España es amigo y aliado de Estados Unidos. "Igual que ignoraríamos una secesión de Luisiana o Illinois, la causa nacionalista catalana debe ser ignorada, y el Gobierno nacional español recibir el 100% de nuestro apoyo en este momento de reto", concluye."          (Crónica Global, 13/10/17)

¿Es posible que un millón (o medio) de fascistas barceloneses hayan salido de bajo las piedras como por ensalmo?

"(...) El domingo 8 de octubre vi las primeras banderas españolas en la Estación de Atocha, en la puerta del AVE. El maquinista del tren de las 6h20, un hombre de mediana edad nacido en Barcelona, aseguró estar “muy orgulloso de poderos llevar”, explicando con espontaneidad que al terminar su jornada laboral acudiría a la convocatoria.

 Las portadas de los periódicos que íbamos leyendo en el tren apenas concedían relevancia a la manifa catalana, centrándose en el “diálogo” y en las “miles de personas” que lo pedían. 

El primer barrunto de que ese domingo en Barcelona iba a ser una de las manifestaciones más multitudinarias de la historia de España me lo dio Guillermo Díaz, diputado de Ciudadanos por Málaga, ocupante del asiento contiguo en el tren AVE con destino a Sants. “Lo vamos a petar”, me aseguró con una sonrisa.

Al llegar tuve que tomar un taxi para llegar a la cita de las 10 de la mañana en la calle Pau Claris, esquina con Provenza. El taxista, barcelonés de origen extremeño con tupé a lo Loquillo, me dijo que “ya iba siendo hora” de que se celebrase una manifestación así en Barcelona.

 En el lugar previsto me encontré con un grupo de amigos catalanes o con fuertes lazos familiares en Cataluña. Entre ellos estaban Graciela Merigó, Mónica Merigó, Marta Guillermo y Luis Izquierdo que, como yo, tienen madre catalana, lo que nos convierte en charnegos a mucha honra. Agitando señeras y rojigualdas nos dirigimos andando por la Vía Layetana hacia la plaza Urquinaona, donde iba a arrancar a las 12 la cabecera de la manifestación. 

A ambos lados, por el paseo de Gracia y por Roger de Lauria bajaban en el mismo sentido que nosotros racimos de personas que nos saludaban agitando sus banderas y pancartas. A pesar de una densidad de personas por metro cuadrado que apenas permitía andar, no presencié un solo altercado o incidente en las cinco horas que pasé deambulando por Barcelona durante el 8 de octubre.



«Un grupo de franceses se nos acercó con una tricolor gala, gritando “Vive la Catalogne! Vive l’Espagne!”. En el hotel, una joven nos dijo: “Gracias, gracias por venir a Barcelona”»

¿Y quiénes asistieron a esta convocatoria que a las 5 de la tarde del domingo ya era descrita por la prensa como histórica, dado el millón de asistentes? ¿Era posible que un millón de fascistas barceloneses hubieran salido bajo las piedras del Barrio Gótico y del Ensanche como por ensalmo? 

Lo que vi en Barcelona fue un torrente de catalanes en un estado de felicidad casi sobrenatural, una muchedumbre sonriente y obnubilada como una Blanca Nieves que despierta de un letargo de treinta años. Lo que vi en Barcelona era un gentío catalán harto de llevar décadas manipulado y coaccionado en el trabajo, en el entorno social, en el ámbito familiar, en la comunidad de vecinos.

 Lo que vi en Barcelona fue la alegría incontenible de los vecinos que al abrir el balcón y sacar la bandera española junto a la señera, eran vitoreados desde la calle por miles de personas que gritaban “¡No estáis solos!”, “¡Tú sí que vales!” y “¡Visca España, Viva Cataluña!”. No había trampa ni cartón en la manifestación organizada por Societat Civil Catalana, cuyos abanicos con el logo de SCC eran el único recordatorio de la autoría de aquella exitosa convocatoria.

 En un bar del Carrer de Fontanella, un vecino orondo pedía las cañas con un megáfono a Patri, la dueña del local, y los clientes habituales iban pasando los vasos en cadena a los manifestantes de la calle. Hacía 30 grados, iba cayendo la tarde y Barcelona estaba bellísima cuando ya en ronda de Sant Pere un grupo de franceses se nos acercó con una tricolor gala, gritando “¡Vive la Catalogne! ¡Vive l’Espagne!”. 

En el hotel Omm, una joven con la mejilla tiznada de rojo y amarillo nos dijo, agarrándonos del brazo: “Gracias, gracias por venir a Barcelona”. En el AVE de vuelta, mirando las pintadas chillonas de las afueras de la gran ciudad, recordé el Qui tacet consentire videtur o “Quien calla parece consentir”, de Tomás Moro que, mudo ante el absolutismo de Enrique VIII, acabó decapitado. El silencio es una concesión que pocos se pueden permitir."

17/10/17

Jordi Évole: del aeropuerto me fui a Cornellà a comer con mis padres. Llevaba un par de semanas sin pasar por allí... las banderas españolas en los balcones se habían multiplicado. Esto huele más a desafío o a desagravio. Esa Catalunya que ha permanecido a lo suyo durante los últimos años, también existe...

"Aterricé en Barcelona el martes 10 de octubre, el día en el que, parafraseando a Pau Luque, se hizo más política que historia. Del aeropuerto me fui a Cornellà a comer con mis padres. Llevaba un par de semanas sin pasar por allí y en la parte alta de la ciudad (en Cornellà, al revés que en Barcelona, la parte alta no es sinónimo de zona alta sino de barrio obrero) las banderas españolas en los balcones se habían multiplicado.

Llevaba 12 días lejos, grabando en zonas de conflicto de Irak y Siria, conflictos donde ya nadie reclama mediadores. Pero en 12 días en mi casa las cosas habían cambiado, y yo andaba sorprendido con lo que veía por la calle, como quien despierta de un coma tras años dormido, porque el 'procés' convierte algunos días en años. Me sentía como la protagonista de 'Good Bye Lenin', pero sin un hijo que me alterase la realidad para que fuese de mi agrado.

 

Las dos Catalunyas


Mi barrio no ha sido nunca de lucir banderas. Solo las recuerdo durante el Mundial de Sudáfrica, el del gol de Iniesta. Pero aquello era por una celebración. Esto huele más a desafío o a desagravio. Esa Catalunya que ha permanecido a lo suyo durante los últimos años, también existe.

 Igual que existe la otra Catalunya, la movilizada, la que salió a votar el 1-O, ilusionada, vilmente apaleada por la policía. Y tengo la sensación que ambas Catalunyas cada vez van más a su bola. Microcosmos con pocas cosas en común. Me preocupa qué puede vertebrar de nuevo a esas Catalunyas. (...)

Le pregunto a mis padres que qué ha pasado mientras estaba fuera. Primera respuesta: "Que los bancos catalanes se han ido de Catalunya". Joder con el patriotismo del dinero. El coma me lleva otra vez al pasado, a otras declaraciones de Mas

Más apasionadas. Septiembre 2015: "No se marchará ningún banco de Catalunya", mientras le aplaudía el que sería el próximo 'conseller' de Economía, Oriol Junqueras, el mismo que ahora dice que no hay que preocuparse, que se van als Països Catalans.  (...)"                (Jordi Évole ,  El Periódico, 15/10/17)

"Sé que la independencia será ruinosa para mi empresa, pero si lo digo ahora la Generalitat me hunde mañana mismo”

"La decisión de las empresas y de los bancos catalanes de cambiar sus sedes ha supuesto un duro golpe, tal vez definitivo, para los planes secesionistas de la Generalitat. Pero el empujón definitivo no vino de Barcelona o de Madrid. Llegó de las verdaderas capitales del dinero —Nueva York, Londres o Chicago— donde están los gestores de los grandes fondos de inversión, de pensiones y compañías de seguros.

Tras las imágenes del 1-O, el lunes siguiente las empresas recibieron llamadas preocupantes de las agencias de calificación de riesgos y de los gestores institucionales de las principales plazas mundiales, que mueven billones

Ellos son los dueños de gran parte la deuda emitida por las empresas y por los bancos catalanes. Su mensaje fue claro: permanecer en Cataluña suponía un factor de incertidumbre, que ellos no querían asumir. En el mundo financiero, la incertidumbre siempre cotiza a la baja y cuanto más tiempo pasa, todavía más.

Tras desconocer todo sobre el problema catalán, los grandes inversores extranjeros se enteraron del conflicto de la peor forma posible: fotos de violencia policial y un proyecto independentista que llevaba a salir del euro. Eso significaba traspasar la línea roja. Si optaban por vender, darían un duro golpe al coste de financiación de empresas y bancos, un lujo que no se podían permitir.

Una empresaria que lleva la comunicación de varias compañías confirma que “la mayoría de los empresarios jamás creyó que los inversores internacionales se pondrían tan nerviosos. Nunca pensaron que llegaríamos hasta aquí. Nunca”.

Además, existía otro factor desestabilizador: el fantasma de la Hacienda catalana. Si se creaba este organismo, podría llegar la doble tributación para las empresas, una a la Hacienda española y otra a la catalana. Esta posibilidad también forzó la salida acelerada de los gestores de patrimonios, un sector importante en el mundo financiero catalán y los cambios de domicilio de firmas.

Pero la cuestión es qué hubiera pasado si los empresarios no hubieran esperado tanto, a las alarmas que llegaron de fuera, y hubieran dado el paso antes. El 8 de octubre, Josep Borrell, exministro y exvicepresidente del Parlamento Europeo, reprochó el silencio de la clase empresarial: “¿No lo podíais haber dicho antes? Lo que decíais en privado, ¿por qué no las decíais en público? Si lo hubiesen dicho, quizá no estaría pasando lo que está pasando ahora”. (...)

En agosto de este año, Naturhouse dio el paso. Su presidente Félix Revuelta lo justificó por “razones operativas” porque desde la salida a Bolsa, en abril de 2015, las oficinas estaban en Madrid, aunque él siempre ha sido beligerante con el independentismo: “Tiene aterrados a los empresarios”, alertó este mayo.

Eduardo Serra, exministro con Aznar, comentó hace días: “He hablado en los últimos tiempos con muchos banqueros y empresarios catalanes. Me decían: ‘Sé que la independencia será ruinosa para mi empresa, pero si lo digo ahora la Generalitat me hunde mañana mismo”. El temor a la represalia política es otro factor que ha fomentado el silencio. (...)

“Es verdad que tal vez no lo dijimos en público todo lo que hubiera sido necesario”, admite un miembro de la patronal catalana, Fomento del Trabajo,“pero sí se lo trasladamos en privado a Mas y Puigdemont. Les dijimos que esto podía pasar, pero no querían creernos. Querían creer a otros que les decían que esto nunca pasaría”.

Fuentes cercanas a Oliu recuerdan que antes del 9-N de 2014, este lanzó un serio aviso en privado al entonces presidente Artur Mas: “Si seguís por este camino, nos vais a obligar a marcharnos de Cataluña”. Mas fue incrédulo ante esta advertencia, relata la misma fuente, y defendió la teoría de que nunca se verían obligados a salir de la UE. (...)

Sin embargo, el primer golpe llegaría de fuera, del resto de España, donde la fuga de depósitos durante los últimos días les ha obligado a realizar estrategias informativas proactivas para contener a los clientes. Lo que sí tuvieron siempre claro es que los dos bancos deberían irse a la vez, si llegaba el momento. Y así lo han hecho.  (...)

Pedro Nueno, doctor en Administración de Empresas por Harvard y profesor del IESE, no cree que “muchas empresas tuvieran un plan”. “En algunos casos que conozco, no lo había porque tampoco se imaginaban que la cosa pasara de esta manera”, explica; “todos pensaban que habría negociación. Han salido un poco de estampida”. 

Cabe recordar que CaixaBank nunca llegó a aprobar un plan para el cambio urgente de sede y necesitó un decreto apresurado del Gobierno para poder hacerlo.

Algunos empresarios admiten que la colisión política y social se preveía tan brutal e imprevisible que prefirieron desentenderse, ponerse de perfil y confiar en una solución pactada.  (...)

Un empresario catalán recuerda que “algunas pymes se mueven en un mundo soberanista: sus clientes lo son, su entorno lo es y creyeron que con la república llegaría una economía boyante, como dijeron desde la Generalitat”. 

añade: “No se puede olvidar que grandes y pequeños empresarios tienen en Cataluña a sus familias y amigos de siempre; su vecino puede ser un hombre de negocios independentista y significarse en contra del procés era incómodo”.

Y, en muchos casos, prefirieron creer que, aunque fuese in extremis, el Gobierno de Madrid o el de Barcelona evitarían la colisión. “Porque, oiga”, se desahoga José Luis Bonet, presidente de Freixenet, “yo me siento español y europeo, pero no dejo de ser catalán, y tener que tomar una decisión de este tipo resulta muy doloroso. 

El exilio empresarial es doloroso. Es un desgarro. Soy catalán y me tengo que ir. Es evidente que la mía y otras empresas que han tomado la decisión de irse representamos un símbolo de Cataluña, pero oiga, antes está la supervivencia”.

Otra cuestión es: ¿Qué consecuencias puede tener a medio plazo el traslado? Costas responde: “Hasta ahora teníamos aquí la sala de mandos y la de máquinas. El riesgo es que ahora solo nos quedemos con la sala de máquinas. Cataluña es una economía productiva y no se irán las empresas, pero perderemos la parte empresarial que decide”.

Bonet le da la razón a Borrell. “Ha sido un error importante que la gente no haya hablado en privado y en público. No se hizo para no incomodar al otro, pero así no se resuelven los problemas. Si callas, los que hacen ruido parece que son más”. Antón Costas añade: “Yo sí creía que esto podría pasar y lo dije. Pero siempre había quien te acusaba de estar usando el argumento del miedo”.  (...)

“Entiendo que algunos pidan el diálogo, pero, llegados aquí, no es lo mismo estar con quien cumple la ley que con quien pone en riesgo la seguridad jurídica”.               (  ,, , El País, 15/10/17)